miércoles 4 de junio de 2008

Cuando ves tu cómic

¡Saludos, ciudadanos!

Llassans al teclado.

Hace dos o tres lunes fui a comprarme un puñado de cómics de la serie La Mazmorra. Fui al FNAC de Plaza Catalunya. Subí a la segunda planta, donde están los cómics. Ahí, a mano derecha, en la sección de novedades, había un fajo de Zombiosis. Era la primera vez que veía nuestro cómic expuesto es una tienda. Quedaba majo. Bayarri tenía razón con lo de hacer la portada blanca, porque destaca muchísimo entre el resto de portadas barrocas y multicolor que son una pesadilla para los daltónicos.

Cogí uno. Comprobé que estuviera bien impreso. No es que no me fiara de Él. Sí, Él, el atractivísimo ángel de los cómics; Él, el que ganó a Panini la licencia de Naruto a una mano de póker sin usar cartas; Él, que le deja prestado dinero al Ratoncito Pérez.
Sí, hablo de Él: de Félix Sabaté, el legendario editor de la octava dimensión. Decía que no quise comprobar si esa partida de cómics estaba bien impresa porque no me fiara de él, sino porque es un impulso incontrolable. Quieres que tu cómic esté en perfecto estado para el posible lector indeciso que vaya a hojearlo. Quieres que si no lo compra sea porque no le interesa el cómic y no porque esté mal editado. Y aunque tengas toda la confianza en tu editor, lo haces. Es como rebentar el papel de burbujitas.

Mientras buscaba los muy escondidos cómics que había ido a buscar no pude evitar lanzar miradas fugaces hacia donde descansaban nuestros Zombiosis. De repente, un chico se acercó hacia ellos. Ver a alguien coger tu cómic en una tienda es como subir a a una montaña rusa: cada vez que pasa una página, es como si pasaras por un tirabuzón; cada vez que parece que va a devolverlo a la estantería sientes esa sensación de vértigo en el estómago. Cualquier gesto es como si calibraras cuántos metros quedan hasta el final de la atracción.

Sentí ganas de acercarme al chico, activar el modo Teletienda y despejar sus dudas. Por suerte, aún me quedaba dignidad en el depósito para resistirme a rogarle a un lector que nos compre en medio de la FNAC.
Sin embargo, el chico se alejó después de devolver distraídamente el cómic a la estantetíe. Maldije a los cielos en idiomas que no sabía que conocía y pensé en tirarle un MAUS a la nuca, que era lo más gordo que tenía a mi alcance, por insolidario. Logré apagar mi ira asesina gracias a que, por fin, vislumbré los puñeteros cómics de La Mazmorra.

La vida era un poco más amarga, como cuando tienes seis años y te bebes un vaso de café pensando que era coca-cola. Nada tenía sentido. Habíamos fracasado. Me quedé quieto un ratito, mriando a la estantería donde reposaban nuestros Zombiosis, esperando a que otra persona se acercara y lo cogiera. Un encargado de la FNAC se me acercó con cautela y me preguntó si me encontraba bien, y yo le dije que me dolía el alma. El encargado me sonrió y me dijo que la sección de Autoayuda estaba más a la derecha. Yo le escupí en un ojo. Mentalmente, claro.

La vida era un poco más amarga, como cuando encuentras una uña pintada en el Big Mac. Ver tu cómic en una estantería era una fuente de agobio y sufrimiento, una puerta abierta a la sociopatía y la voluntad de dominar de la raza humana.

Más tarde, una botella de granini de piña rebotaba en la cabeza de Bayarri. Yo estaba borracho de azúcar y pedía otra ronda al barman de ese garito donde tocan jazz en directo. Bayarri insistió en que dejara de comportarme como un crío. Yo le dije que el crío era él. Alcé mi mano en un impulso totalmente ebrio, pero él me partió una silla en la espalda. Entre las cucarachas que pasaban frente a mí desafiando el cartel de la entrada que anunciaba una pronta visita de los chicos Sanidad, comprendí que Bayarri tenía razón. Sin duda ver tu cómic en una tienda es una sensación fuerte, pero no podemos dejar que nos posea.

"Recuerda por qué hacemos esto, Llassans" dijo Bayarri despegándome con esfuerzo de la roña del suelo. "Recuerda qué es lo que nos mueve".

"Canapés" - dije, viendo la luz.
"Exacto. Hacemos cómics para hacernos suficiente importantes en el mundillo y lograr que nos inviten a todas las mesas redondas que culminen con un cóctel."
"Es verdad, Bayarri. Los lectores no son lo más importante. Los canapés lo son."
"Bueno, Llassans, sin lectores no hay canap..."
"Los canapés deben guiarnos, todo lo demás es una puñetera excusa, y los lectores no sirven para nada."
"Pero si no vendemos..."
"¡El cómic no tiene que gustar al público, sólo tiene que gustar a los críticos! Haremos cómics para que les guste a ellos. ¡Sí, da igual que nuestro cómic esté en las tiendas y nadie lo mire! ¡Nos invitaran a los cócteles de todas maneras! ¡BWA HA HA HA!"

Bayarri se rindió a mi poderoso argumento* y pagó la cuenta. Deste entonces ya no me siento mal cuando veo nuestro cómic en una tienda.

Y hasta aquí la aventura de hoy.

¡Vivas las viñetas!

¡Y los canapés!


___

(*) Editado por Bayarri: No me rendí a su estúpido argumento. Me callé porque estaba hasta los santísimos de aguantar su paranoia. Y para cuando leas esto, Llass, me debes diecisiete con treinta, maldito moroso baturro.


2 Comunicados:

M dijo...

Mis darlings, os habéis equivocado de gremio; os tendríais que haber hecho jóvenes promesas de la peluquería: Se come mejor, y, además, me podríais cortar el pelo gratis.

Ah, por cierto, y cuando se descubra la charada de que sois dos arribistas que NO SE DOCUMENTAN CON LAS PELIS DE ROMERO, los puristas os lanzarán las bandejas de los canapés a la cabeza, después de comérselos delante de vosotros mientras les miráis con ojillos suplicantes.

Peri siempre podréis venir a que la tía M os prepare un bocata de chóped. O, si estoy de buenas, uno de nocilla. Hasta con pan del día.

Félix dijo...

Gracias poor lo de atractivísimo, hacía tiempo que nadie me hacía la pelota y uno tiene su corazoncito (aunque como editor, pertenezca a la más baja forma de vida, justo antes que los autores de comics).
Confesión 1: cuando voy a la Fnac, pongo los comics de Glénat en rimera fila y escondo los de la competencia.
Confesión 2: mañana voy a la Fnac.
confesión 3: Estoy con vosotros: ¡¡¡Vivan los canapeses!!!