domingo 17 de agosto de 2008

Haciendo la calle

¡Saludos, ciudadanos!

Llassans al teclado, moreno y feliz.

Hoy os voy a explicar uno de esos momentos que todo autor de cómic ansía. Uno de esos momentos que hace que tu cuerpo genere adrenalina, epinefrina, e incluso morfina.

A finales de julio fuimos a Glénat de nuevo. Nuestra misión: presentar el proyecto para hacer el número 2 de Zombiosis a nuestro incombustible, inhidratable e impermeable editor Félix Sabaté.

Nuestra cita había sido concertada a las nueve de la mañana. Bayarri y yo quedamos media hora antes, por si las moscas. Y allí estábamos, en la puerta de Glénat, un cuarto de hora antes de lo convenido.
Decidimos ir a la esquina y charlar un rato para hacer tiempo. Repasamos nuestro plan y nos repetimos una y otra vez lo guays que somos para no perder confianza en nosotros mismos.

En éstas una Harley Davidson se detuvo a nuestro lado. El enigmático piloto se nos quedó mirando unos instantes, como si nos conociese. Yo pensé que que quizá era Alan Moore, que era capaz de reconocer autores de cómic con su experta mirada.
El piloto se quitó el casco lentamente, agitó su morena cabellera al aire... Alan Moore goza de una morena cabellera.
Sin embargo, tras la mata de azabaches no había el Dios del Cómic, sinó Félix Sabaté, que llegaba al trabajo. En el fondo, Félix no cabalgaba una Harley Davidson, y no se quitó el casco ni agitó al viento su cabellera. Pero lo pareció. Además, nos conviene seguir haciéndole la pelota, porque Norma está en crisis y Planeta estaba despidiendo gente del departamento de cómics que daba grimilla.

Alan Moore + Dios = Redactor Jefe Félix Sabaté

Total, que Félix nos saludó la mañana y nos preguntó qué estábamos haciendo en la esquina.

- Hacer la calle - dijimos.
- Como el cómic no da para vivir... - dijo Bayarri.
- Ha ha ha, qué gilipichis es Bayarri haciendo indirectas - intenté salvar yo.
- Bueno, pues a las nueve nos vemos - concluyó Félix, ignorándonos sabiamente.

la moto de félix se perdió en la lejanía de veinte metros hasta la puerta de Glénat y nosotros esperamos hasta las nueve en punto. Una vez en las oficinas de Glénat, nos hicieron pasar al despacho de Joan Navarro. Habíamos oído leyendas sobre su despacho; él mismo nos había dicho en el Salón del Cómic que tenía un original de Tarzán colgado en la pared.

Era cierto. Ahí estaba ésa y otras páginas colgadas. El despacho de Joan Navarro era grande, lleno de estanterías con mangas y cómics, aunque lo que más predominaba era una inmensa colección de figuras de Mazinger Z y, en su mesa, una enorme taza que, decía algo así como I'M THE BOSS.

Yo me sentí emocionado sólo por tirar una botellita de zumo en su papelera. Me sentí cívico y blasfemo a la vez por usar su material de oficina sin su permiso.

Tras ofrecernos café insistentemente durante largo rato (quizá nos veían muy quietitos; nosotros somos más de chocolate caliente) apareció de nuevo Félix.

Y nos contó qué tal habían ido las ventas de Zombiosis. Y eran buenas. Y le presentamos el Zombiosis 2. Y le gustó. Y como nos envalentonamos le presentamos más cosas, pero son secretas. Y le gustaron.

Félix nos propuso un plan para 2009, y entonces sentenció "Por mí, lo hacemos como os acabo de decir. Ahora sólo necesitamos el visto bueno de Joan Navarro. Si dice que sí, nos ponemos en marcha; y si dice que no, tenéis las puertas abiertas para presentarnos más proyectos. Tendréis que esperar a que vuelva de vacaciones".

Así que ahora dependemos de las palabras de Joan Navarro. Nos sentimos como Gladiadores caídos a la espera de que el César muestre el pulgar.

A todo esto, me acabo de dar cuenta de que a Joan Navarro no le hemos hecho la pelota. Es sin duda una gran injusticia, y es por ello que vamos a ponerle remedio ahora mismo:

Y se hizo justicia.

Y así concluyó nuestra emocionante
presentación de Zombiosis 2. Ahora, mientras esperamos respuesta, estamos preparando un puñado de concursos de cómic para ir haciendo tiempo, pero de eso hablaremos otro día.


¡Vivan las viñetas!