lunes 3 de noviembre de 2008

Salón del Manga desinflado

¡Ciudadanos, camaradas!

Como ya hemos dicho varias veces, los salones vienen, pasan y se van. Es ley de vida. Estás durante unos meses pensando "mira, mira, ya falta poco", tachando los días en el calendario con jovial entusiasmo, yendo a Humana a buscar un poncho viejo que te permita hacerte el disfraz de Akatsuki... Luego viene el Salón, te paseas, haces fotos a todo aunque luego esas fotos no las vuelvas a ver jamás, compras el doble que lo que pensabas comprar (es increíble como pasamos del "Nah, este año sólo llevaré veinte euros, y no creo que me los gaste todos" al "¿Dónde hay un cajero automático, por el amor de Urasawa?!"), te tomas un ramen y de vuelta a casa. Y hasta el año que viene.

Es ley de vida, ya digo. Pero cuando te conviertes en profesional, como lo somos nosotros aunque no lo parezca, los salones son otra cosa. Tienes tu pulsera, que te ahorra la entrada y te permite pasearte ante los que guardan cola con un sentimiento de superioridad que roza el nacionalsocialismo; vas al stand de las editoriales y hablas con la gente de ahí de tu a tu (y a veces incluso cae algún que otro tomo gratis), entras en la zona VIP (bueno, eso nosotros no lo hemos hecho aún, por lo que ignoramos si tal zona existe o es una leyenda urbana)...

En fin, el caso es que para nosotros solía ser así, hasta hace poco. Pero de un tiempo a esta parte, los salones del manga ya no son lo que eran. Por un lado, está el hecho ineludible que, bueno, nos hemos hecho mayores, hemos madurado, o como queráis decirlo. Ya no tienes el mismo entusiasmo a los 23 que el que tenías a los 17., esto es así y de nada sirve negarlo. Yo por lo menos no, que estoy un pelín angustiado por no encontrar trabajo, y Llassans que está de mudanza pues tampoco tiene la cabeza como para pensar en disfrazarse de Doraemon. Que esa es otra, el disfraz. Qué recuerdos, los años en que nos disfrazábamos, qué jóvenes éramos y qué ilusión por hacer las cosas. Snif. Este año, para acabar de rematar la jugada, vinimos solos (nuestros colegas o no les apetecía venir o estaban en otro continente), llovía, hacía frío y tenemos propensión al resfriado. Y reuma. Lo que os decía, la edad no perdona.

Y vaya, que esto está quedando un poco triste, pero no es para tanto. Al final nos dimos una vueltecita, vino M, mi M, nuestra M, la M a la que todos idolatramos, a pasar el rato con nosotros, yo me compré chapas de Guybrush Threepwood, Llassans una camiseta de Enigma y el ¡Amasando! Ja-pan 19, y Fèlix Sabaté, nuestro gallardo editor, nos obsequió con sendos tomos de Kimurage Orange Road, serie de reciente aparición que tenéis que comprar a la voz de ¡ya! para contribuir a aumentar las ventas globales de Glénat.

Y en fin, que mañana será otro día, y en abril otro Saló. Porque el de cómic es otra cosa. Ya hablaremos de ello en su momento.

¡Vivan las viñetas!

3 Comunicados:

M dijo...

¿Significa esto que ya no volveremos a disfrazarnos? ¡Y UN CUERNO!

M dijo...

Ah, y es "Kimagure Orange Road". ¡Ay, si lo leen los fanses!

Guillem dijo...

Oh, M... ¡Qué gran inquisidora ha perdida la Historia!