viernes 5 de diciembre de 2008

Memento mori

Damas y viñeteros, es hora de hacer un poco de cultura general. No me lloren, luego lo agradecerán cuando puedan contestar con acierto en cualquier partida de Trivial.

Los antiguos romanos, gente eminentemte pragmática y digna de admiración (no como los actuales romanos, que sólo piensan en fútbol y en hablar de raviolis gritos por la ventana) sabían cuál era el mayor pecado del hombre: la soberbia, y todos los males que de ella derivan, como la tiranía, el fraticidio y los fotologs. Para evitar que tamañas catástrofes pudieran, algún día, desestabilizar la muy noble y gloriosa República que con tanto esfuerzo habían creado, los más sabios de entre los sabios crearon diversos mecanismos y tradiciones, que sirvieran para rebajar los humos a los que ostentaran el poder, y evitar que éste los volviera gilipollas.

Si todos los padres hicieran como el Gran Khan,
no habría tanto fracaso escolar

Cuando llegó el tiempo de las grandes conquistas, surgieron hombres poderosos, cuyas hazañas los convirtieron en dioses sobre la plebe. Ellos eran los mayores generales de su tiempo, y en sus manos concentraban la adoración del pueblo, el apoyo del ejército, grandes fortunas y (supongo) ligaban por un tubo. Por ello, cuando estos supermanes (Sila, Mario, Pompeyo, los Escipiones...) realizaban su desfile de la victoria, lo que se llamaba el triunfo, la tradición dictaba que un esclavo debia seguirles y recitar sin parar estas contundentes palabras:

"Memento mori!"

Que significa, más o menos, "recuerda que morirás". O sea, no te lo creas mucho porque al fin y al cabo eres de carne y huesos como cualquiera. La idea era que el general en cuestión no se endiosara, y en el fondo estaba la preocupación constante, en esos tiempos convulsos, de que pudiera surgir un tirano que devolviera Roma a los tenebrosos tiempos de la monarquía de los Tarquinos. La cosa funcionó la friolera de cien años, los llamados días finales de la República (suena a nombre de película de León de Aranoa) hasta que un tal Julio César intentó deificarse a sí mismo, sin conseguirlo. Porque lo apuñalaron treinta veces, que si no... Su hijo adoptivo Octavio sí lo logró, iniciando lo que con el tiempo sería el culto imperial, o lo que es lo mismo, los emperadores son más chulos que tú y que yo y no respiran el mismo aire. Como Madonna ahora.

Todo el mundo se olvidó del memento mori, y los esclavos que lo recitaban se fueron al paro, digo yo.

Hoy en día no hay emperadores (salvo en Japón), ni esclavos (salvo en las factorías asiáticas de Nike y otros) ni triunfos (menos cuando la selección gana algo), pero el individuo que recita el memento mori en la nuca de los poderosos nunca había sido tan necesario. Cuanto engreído corre por estos mundos de Dios, que necesitaría ser rebajado al humilde nivel del suelo. A cuantos creativos, políticos, abogados y blogueros, deberíamos recordarles que son mortales, que por mucho dinero que ganen o por muy hinchado que esté su ego, algún día serán polvo y olvido, y sus obras pasto de los cuervos y presa de las aves carroñeras.

¡Decídselo al señor Uderzo, al señor Moebius y a otros fanfarrones que creen que inventaron la sopa de ajo, y miran con desprecio a todo lo que no pueden entender! ¡Decídselo a Joe Quesada, a ver si deja ya de joder la marrana en Marvel, y también a Michael Bay, que amenaza día a día con parir más películas con aún más explosiones y menos cerebro! Esta lista podría seguir y seguir pero mejor lo dejamos aquí, que no queremos tampoco crearnos demasiados enemigos...

Hay mucho que aprender de los antiguos romanos. Quidquid latine dictum sit altum videtur, ya lo sabían ellos.

¡Vivan las viñetas!

1 Comunicados:

Anónimo dijo...

Que pasa Guillem, algu t'ha robat el bocata de panceta, avui?